Nombres propios

  • On 10 marzo 2017
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Aunque en general no hace falta traducirlos, los nombres propios siempre deben verificarse minuciosamente. No hay nada más inoportuno que entregar un documento en el que, por ejemplo, el nombre del ministro del Interior está mal escrito o se ha escrito Phillips en vez de Philips. Pero debo confesar que incluso uno de nuestros traductores más aplicados se equivocó en una ocasión al traducir el apellido Veldkamp (Campo de batalla); afortunadamente, el corrector lo detectó a tiempo.

La cosa cambia cuando se trata de traducir nombres de personajes ficticios. En este caso se trata, precisamente, de encontrar una traducción de estos nombres, a menudo curiosos e imaginativos, que se adapte al idioma y la cultura de otro país. Podemos verlo en personajes clásicos infantiles, como Cinderella, traducido como Cenicienta en español, La Cenerentola en italiano o Cendrillon en francés. Y la cosa se complica aún más cuando traducimos tiras cómicas, como el clásico Suske en Wiske de los Países Bajos, que se tradujo como Bob y Bobet en español, Finn och Fiffi en sueco, Bob e Bobette en italiano o Bobby dan Wanda en indonesio. Los archiconocidos Schtroumpfs belgas, también reiciberon nombres distintos en cada país, Los Pitufos en España, The Smurfs en inglés o I Puffi en italiano.

Otro comic famoso que también llevó de cabeza a los traductores es el francés Asterix, que utiliza juegos de palabras para los nombres de sus personajes. Algunos buenos ejemplos de ello son, por ejemplo, el jefe de la aldea gala, Abraracourcix en francés, fue traducido en inglés como Vitalstatistix, Majestix en alemán y griego, o Copdegarròtix en catalán. O los personajes de Tintín, como Dupont et Dupond, que se convirtieron en la versión neerlandesa en Jansen en Janssen, en la inglesa Thomson and Thompson, en la alemana Schulze und Schultze y en la española Hernández y Fernández. Y su perro Bobbie también atiende a los nombres de Milú, Snowy, Struppi, Milou o Terry.

Los traductores de cómics han tenido que devanarse los sesos y tener mucha imaginación para lograr traducir estos nombres tan humorísticos y fantasiosos. Muy probablemente, en sus momentos de mayor desesperación, usaron el amplio surtido de vocabulario soez del capitán Haddock. Algunos ejemplos: “alcornoque”, “bergante”, “ectoplasma de mejillón”, “mil millones de mil demonios”, “Marineros de agua dulce”.

¡Mil millones de rayos y centellas! ¡vaya nombres!